El duelo infantil, ¿cómo acompañar a los menores en el proceso?

La contingencia por Covid-19 dificulta los procesos de duelo entre quienes perdieron a un familiar, ya que en algunos casos no pueden realizarse velorios, funerales o despedidas tradicionales. Más complejo resulta cuando el ser querido deja hijos menores sin cuidado, pues además de trabajar con el dolor es necesario que su familia cercana vigile el bienestar físico y mental de los pequeños.

En México 244,500 niños perdieron a sus cuidadores primarios o secundarios, que incluyen a padre, madre y abuelos con custodia o que vivían con ellos, de acuerdo con datos de la Calculadora de Orfandad por Covid del Imperial College London. El país se encuentra entre los 10 con más afectación para niñas y niños por la muerte de estos parientes.

Además de proteger a los niños para que continúen con crecimiento físico, parte importante de su desarrollo mental es hablarles sobre la muerte de sus figuras principales de cuidado. Especialistas tanatólogas explican algunas formas de abordar y acompañarlos en el duelo, un tema que impacta a la familia cercana e incluso puede requerir de ayuda profesional.

Si para un adulto resulta complejo tratar de procesar la muerte, los menores no lo van a entender de un día para otro, por eso es importante detectar en qué etapa de su desarrollo se encuentran para poder explicarla, siempre hablando con la verdad y con base en su edad.

“Al principio de la vida no se sabe lo que es la muerte, pero se vive la angustia por la separación ante la pérdida de sus cuidadores primarios de los que depende para sobrevivir física y emocionalmente”, considera Vanessa Nahoul, fundadora de la Asociación Mexicana para el Estudio del Psicoanálisis, Arte y Tanatología A.C.

Manejar el tema del Covid-19

Cuando la muerte de su figura de cuidado primaria se presentó a consecuencia del Covid-19 el abordaje debe incluir una explicación sobre el virus y que en ocasiones el cuerpo no se puede defender, deteniendo su funcionamiento.

“Le explicas a los niños que la muerte llega cuando el cuerpo deja de funcionar, algo que generalmente pasa en la vejez, pero el virus hace que deje de funcionar antes y hay quienes se logran recuperar y quienes no. A partir de ahí enseñarles a cuidarse de sí mismos sin asustarlos”, dice la especialista a Excélsior.

Selene Pérez, psicóloga especialista y miembro de la Asociación Mexicana de Tanatología, menciona que al ser un virus capaz de llegar a cualquier miembro de la familia, ellos mismos han vivido el proceso cuando alguien se contagia o incluso lo llegan a padecer. Conviene explicarles lo sucedido, que ellos mismos expresen sus sentimientos o cómo lo percibieron para darle sentido y palabras a la muerte.

“Es importante explicarles el coronavirus, cómo actúa, que incluso puedan dibujarlo. Como ellos ya tienen un contexto lo saben perfectamente, entonces es ponerle palabras a lo que ya vieron y sintieron”, afirma.

Los momentos clave en el abordaje

Reconocer la etapa de desarrollo mental de los menores ayuda a que los familiares cercanos hablen sobre la muerte de los cuidadores primarios, reconoce Nahoul.

“No es necesario dar tanta información, como los adultos suelen considerar, porque no lo van a entender. Entonces hay que darle la información con base en su entendimiento y sobre lo que ya entiendan respecto a la muerte para poder ayudarlo”, dice.

La escucha activa sobre cómo están, qué piensan o cómo se sienten es parte importante del proceso de abordaje sobre la muerte. “Un espacio donde la familia comparta sus emociones, mencionen recuerdos bonitos y hablen sobre lo sucedido. La comunicación, la escucha y el amor van a ayudar a arropar al pequeño”, asevera Pérez. 

Las especialistas recomiendan que además de compartir espacios de escucha conviene retomar las actividades diarias y rutinas con normalidad, como ir a la escuela o comer en el mismo horario.

En algunos casos los menores pueden expresar el deseo de poder acompañar a sus familiares en la muerte, por lo que debe explicarse que las personas fallecidas ya no sienten dolor, miedo, hambre o soledad, de lo contrario es probable que estén al pendiente de sus necesidades y continuamente pregunten por ellos. 

Es recomendable no llevar a los pequeños al velorio o funeral ni exponerlos al cadáver, a menos que lo pidan y que sea por un periodo breve. Si se le obliga a cualquiera de las dos actividades podría resultar angustiante y asustarlos, de acuerdo con las especialistas.

Aun cuando un pariente lejano fallezca, si los cuidadores padecen el duelo con temor o impacto, influirá en cómo los menores lo perciben. “Si lo viven con mucho dolor, desorganizando su vida, eso lo resienten porque si los grandes que lo cuidan también sufren entonces se trata de algo muy malo. Antes de hablarle al niño sobre esta muerte, deben saber cómo lo está viviendo ellos mismos, sino se transmite con toda la carga emocional”, menciona Nahoul.

Cuando no se habla sobre la pérdida

Dentro de los rituales de despedida y en el proceso de duelo en los adultos debe incluirse a los menores, ya que estos siempre están al pendiente de lo que pasa a su alrededor, aun cuando no lo entienden. Hacerlo los ayuda a ponerle nombre a un suceso que hasta cierto punto resulta natural en la vida.

“Podrían sentirse excluidos, preguntarse por qué no se les involucra y generarse muchas dudas. En los niños predomina la fantasía y al no tener respuestas por parte del adulto puede imaginar lo que sea. Cuando los padres o cuidadores mueren y no se le comunica al niño llegan a sentir abandono por no saber lo que implica la pérdida”, comenta Selene Pérez.

Al niño con el que no se le aborda la muerte de sus cuidadores puede presentar miedo, temores, dudas, llantos, berrinches, hiperactividad, falta de energía, cambios en su estado de ánimo, soledad, cansancio, pesadillas, hipersensibilidad, ansiedad y dolor en el pecho, por ejemplo, síntomas provenientes de una somatización del dolor emocional que no llegan a canalizar.

Al no poder entender la muerte, también puede experimentar ideas suicidas con la idea de poder “reencontrarse” con ese ser querido. A largo plazo, esta falta de abordaje genera una angustia que deja de sentirse en el momento, pero que lo vuelve vulnerable frente a otras pérdidas, aunque sean menores. 

“Cuando hay un duelo posterior a veces se reviven las pérdidas anteriores y de adultos las van conectando porque no las trabajamos. El duelo es un proceso natural y habrá niños que no necesiten un acompañamiento porque la familia los arropa y los apapacha”, señala la especialista.

El apoyo profesional con enfoque tanatológico se convierte en una ayuda para que tanto la familia como los menores tengan herramientas que los ayuden a afrontar la pérdida. A través de cuentos, juegos, dibujos, analogías y canciones se le hace consciente al niño sobre la pérdida, a fin de que puedan expresar sus sentimientos y lo lloren. 

“La niña o el niño será capaz de identificar sus emociones, sentirlas y explicarlas. Si desde ese momento les explican que es posible llorar o extrañar a alguien, ellos mismos le van a dar validez a sus emociones, lo que también les genera amor propio y conciencia de lo sucedido, que puede tener un duelo normal donde se vale llorar y extrañar”, puntualiza Pérez.

Esta intervención también es útil al momento de transmitir la noticia de la muerte de los cuidadores, ya que se hace con empatía, sensibilidad y tacto sin que intervenga la carga emocional del duelo de los familiares cercanos al cuidado de los menores.

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